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Probióticos y prebióticos: cómo fortalecer tu digestión y tus defensas desde la comida diaria

En "Más conectados" explicamos qué son los probióticos y prebióticos, dónde encontrarlos y cómo sumarlos a tu alimentación diaria para mejorar la digestión, fortalecer defensas y cuidar tu salud desde la cocina. Foto: captura.

En "Más conectados" explicamos qué son los probióticos y prebióticos, dónde encontrarlos y cómo sumarlos a tu alimentación diaria para mejorar la digestión, fortalecer defensas y cuidar tu salud desde la cocina. Foto: captura.
16:00 horas - Jueves, 5 Febrero 2026

En Más conectados, abordamos una consulta frecuente: qué son los probióticos y prebióticos, dónde encontrarlos y cómo incorporarlos en la rutina sin complicaciones. La conversación puso el foco en hábitos simples que ayudan a cuidar el intestino, mejorar la digestión y apoyar al sistema inmune desde la alimentación cotidiana.

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¿QUÉ SON LOS PROBIÓTICOS Y DÓNDE ENCONTRARLOS?

Los probióticos son microorganismos vivos que aportan bienestar cuando llegan activos al intestino. Están presentes en alimentos fermentados. El más cercano es el yogurt, pero no es el único.

Durante el espacio, se explicó que estos “microbios buenos” también aparecen en el miso (derivado de soya), el kimchi coreano (verduras fermentadas), los picles y otros productos que pasan por procesos de fermentación. Incluso algunas levaduras participan en este grupo.

Cuando tú comes alimentos probióticos con fibra prebiótica, es una bomba de salud”, resumió la nutricionista Milagros Agurto. Este combo favorece la salud gastrointestinal, apoya las defensas y contribuye al equilibrio del organismo.

Un dato clave: el yogurt ya contiene bacterias vivas. También puedes prepararlo en casa con leche y un vasito de yogurt natural como cultivo inicial. En 24 horas, la leche fermenta y queda lista para el consumo.

PREBIÓTICOS: LA FIBRA QUE ALIMENTA A LOS PROBIÓTICOS

Los prebióticos son fibras que nutren a esas bacterias beneficiosas. Se encuentran en alimentos muy comunes: avena, ajo, cebolla, camote, plátano verde, menestras y algunos cereales integrales como el trigo y la cebada.

Cuando esta fibra llega al colon, fermenta y genera compuestos que fortalecen el intestino. Por eso, la recomendación central apunta a la variedad: no basta con un solo alimento. Conviene rotar frutas, verduras, granos y menestras.

En casa, las menestras resultan más fáciles de digerir si se remojan bien, se desecha el agua del remojo y se cocinan sin guisos grasosos. También ayuda sumar hierbas como laurel, romero u orégano.

GASTRITIS: ¿QUÉ SE PUEDE COMER?

En la gastritis no está proscrito que tú puedas tomar yogurt. Porque el yogurt es sumamente digerible”, aclaró la especialista. La clave está en respetar lo que indique el médico, fraccionar las comidas, evitar preparaciones muy grasosas y controlar el volumen de cada plato.

Los alimentos ayudan, pero no reemplazan el tratamiento médico. También se puede incluir arroz, menestras bien preparadas y frutas, siempre según la tolerancia de cada persona.

LÁCTEOS E INFLAMACIÓN: NO TODO ES IGUAL

Existe mucha información contradictoria sobre los lácteos. Aquí, el mensaje fue directo: depende del nivel de procesamiento del producto y de cada caso en particular. Si un profesional indica evitar lácteos, conviene preguntar el motivo.

Sobre el yogurt y el kéfir, Agurto precisó que “el yogurt fermentado, la leche fermentada (...) es un alimento que te ayuda para disminuir la inflamación”.

También recordó que el estilo de vida pesa tanto como la comida: “El cortisol es el más pro-inflamatorio  que tenemos”. Comer sin pantallas, con calma y en un ambiente agradable forma parte del cuidado integral.

ADULTOS MAYORES Y ESTREÑIMIENTO: PASOS SIMPLES QUE AYUDAN

Para personas mayores con tránsito lento, la base está en una dieta rica en fibra prebiótica, alimentos probióticos, agua tomada en sorbos, frutas, verduras y algo de movimiento diario.

Lo primero es fibra prebiótica y sus probióticos, todos esos alimentos, avena, camote, etc.”, recomendó la especialista. A eso se suman masajes abdominales suaves, semillas como chía o linaza y una rutina que incentive la actividad dentro de las posibilidades de cada persona.

Pequeños cambios, sostenidos en el tiempo, marcan la diferencia. Variar los alimentos, preferir preparaciones sencillas, cuidar el manejo del estrés y escuchar al cuerpo son acciones al alcance de todos que fortalecen la salud desde el plato. 

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