Convivencia vecinal: pautas prácticas para vivir mejor con quienes te rodean

Conoce estas recomendaciones prácticas para evitar peleas, establecer reglas claras, fomentar la empatía y construir comunidades más unidas en edificios, condominios y barrios. Foto: captura.
La convivencia con los vecinos influye de forma directa en nuestro bienestar diario. Desde ruidos a deshoras hasta conflictos por mascotas o áreas comunes, los roces vecinales forman parte de la vida urbana y también de comunidades más pequeñas. En Más conectados, se compartieron claves concretas para mejorar la relación con quienes viven cerca y construir entornos más tranquilos y solidarios.
Más allá del tamaño de la vivienda o del costo del departamento, el entorno humano marca la diferencia. Tal como se explicó en el programa, una casa puede ser humilde o muy costosa, pero si hay conflictos constantes alrededor, la calidad de vida se deteriora.
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PENSAR EN EL OTRO ANTES QUE EN UNO MISMO
Uno de los puntos centrales pasa por cambiar la forma de mirar al vecino. Jorge Yamamoto, psicólogo social y profesor principal de la Pontificia Universidad Católica del Perú, lo resume así: “En primer lugar, la convivencia vecinal es un elemento central en el bienestar”.
A partir de investigaciones en distintas partes del mundo, el especialista explicó que las comunidades con mayor satisfacción comparten una misma lógica: pensar primero en el otro. “Primero piensa en el vecino antes que tú”, señaló.
Esta idea se traduce en acciones simples del día a día: bajar el volumen de la música por la noche, cuidar los espacios comunes o evitar conductas que puedan incomodar. Según Yamamoto, cuando cada persona se pregunta si lo que va a hacer molesta o alegra al otro, se genera un círculo positivo. Incluso pequeños gestos como saludar producen bienestar: “Eso produce pequeñas dosis de neurotransmisores del placer y del apoyo”.

CUANDO FALTA EMPATÍA, CRECE EL CONFLICTO
En muchos condominios y edificios multifamiliares, los problemas surgen por limpieza, mascotas o pagos comunes. Frente a este escenario, Yamamoto advirtió que el país atraviesa “una crisis de empatía”.
Explicó que la discriminación cotidiana debilita la capacidad de ponerse en el lugar del otro. Cuando eso ocurre, aparecen conductas de revancha. “Más temprano que tarde va a haber un roce y ahí escalamos a un módulo cerebral, que en latín le hemos llamado animus jodendi, y es que la persona disfruta fregando al otro”, afirmó.
Este tipo de escaladas explica por qué discusiones aparentemente pequeñas terminan en situaciones graves.
LOS VALORES PESAN MÁS QUE LOS TÍTULOS
Otro punto clave tiene que ver con la educación. Aunque muchos creen que un mayor nivel académico garantiza mejor convivencia, Yamamoto precisó que no existe una relación directa con la educación formal. Incluso señaló que hoy existe “una crisis de valores” asociada a la mercantilización de la educación superior.
En contraste, recordó que en comunidades amazónicas y andinas, donde muchas personas no terminaron la secundaria, se encuentran altos niveles de calidad de vida vecinal. Allí los valores se aprenden desde la infancia y la empatía se desarrolla de forma natural.
Sobre este tema, explicó qué significa realmente empatizar: “Técnicamente, ¿qué es la empatía? Es un área que tiene unas neuronas que se llaman espejo (…) Es como sentir lo que el otro siente, pero actuar de manera coherente con ello”.

ACUERDOS CLAROS Y CONSECUENCIAS REALES
¿Qué hacer cuando algunos vecinos no respetan normas básicas, como recoger las heces de sus mascotas en los jardines comunes? La recomendación es directa: establecer acuerdos simples y concretos.
“Primero, que haya un acuerdo común, que se reúnan y pongan dos o tres cosas muy claras”, indicó Yamamoto. A esto debe sumarse un sistema de sanciones, que puede ir desde multas pequeñas hasta mecanismos de presión social, como exponer la falta en espacios comunes.
También resulta clave contar con un grupo organizado que haga cumplir lo acordado, sin tolerar incumplimientos. Según el especialista, esta fórmula ya funciona en barrios urbanos y comunidades rurales.
Finalmente, se destacó la importancia de un liderazgo empático dentro de la comunidad. Yamamoto remarcó el valor de la autorregulación colectiva: “Hay que enfocarse en la resolución del problema y no en la persona que le tengo cólera”.
Pensar en el bienestar de los hijos y de las familias ayuda a tomar perspectiva y bajar la tensión. Un líder vecinal debe promover el trabajo en equipo y fomentar respuestas calmadas frente a los conflictos.

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